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lunes, 29 de noviembre de 2021
viernes, 25 de diciembre de 2020
domingo, 29 de marzo de 2020
Montes de la Engaña. El bosque de los duendes.
Vivolasmerindades sumergido en una cúpula arbórea,
donde las pisadas se suspenden sobre frágiles hojas ocres.
Sus nervios, aun marcados, se resisten a desaparecer
a pesar de la venida del invierno.
Hace ya que las sombras se olvidaron.
El Norte gobierna en el bosque de los duendes.
Siento el respirar de ese rincón, en silencio,
en el que camino desnudo,
ante una pasarela alentada por la antigüedad.
Hace ya que el silencio se adueñó
del bosque.
Hace ya del camino que recorrí contigo.
Excursión a la cascada de la Osera
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| Arroyo de la Osera |
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| El roble de la Coteruela |
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| Silencio |
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| Cascada de la Osera |
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| Huellas del pasado |
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| La llegada del Norte |
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| La Coteruela |
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| Salto de la Osera |
domingo, 16 de diciembre de 2018
Subida del Belén a la Tesla 2018
Vivelasmerindades acompañándonos a la Tesla para subir, un año más, el Belén en visperas navideñas.
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| Voluntarios de la 15ª edición |
La subida del Belén a la Tesla se ha convertido en una tradición en la Merindades.
Creyentes y profanos se reúnen a las nueve de la mañana en el pueblo de los primeros jueces de Castilla.
Bisjueces, un típico pueblo castellano, con casas de piedra y balcón corrido es el punto de partida en una ruta de media montaña, en el que aficionados de todas las edades al senderismo y rutas traileras se dan los buenos días y saludan con respeto a Laín Calvo y Nuño Rasura, testigos de la jornada desde el pórtico de la iglesia del pueblo.
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| Iglesia de Bisjueces |
Con la colaboración del Excmo. ayuntamiento de Villarcayo, Protección Civil y Rubén Pérez Llarena como reportero oficial, los animados excursionistas se disponen a partir hacia el punto más alto de la Tesla.
Peña Corba, con sus 1332 metros es paciente con nosotros.
Poco a poco, sin sobresaltos y con la ilusión de colocar la Sagrada Familia, recorremos algo más de 7 km. con más de 700 m. de desnivel en aproximadamente 2 horas.
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| Buzón de peña Corba |
Pero la meta no solo es el gran objetivo. El recorrido es protagonista de la jornada tambien.
Bosques de encinas, con aroma de brezo y lavanda nos hacen más fácil los primeros metros.
La pendiente es leve y el sendero se marca de forma muy definida entre las argomas y el musgo que viste a la caliza del suelo y a los troncos del encinar.
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| Encinar de Bisjueces |
Una vez sorteado el primer tramo de ascensión, un paso canadiense nos señala qué camino debemos tomar.
De frente iremos. Lo más recomendable es continuar la marcha de frente.
Ascendemos de nuevo por un camino ancho con firme desigual para llegar a unas campas de hierba, antesala del paso por una barrera que siempre debemos cerrar, una vez que la hemos cruzado, para evitar así que el ganado que pasta en esa zona no se escape.
Sobrepasado un túnel de encinas muy sugerente, refugio de las vacas, nos topamos con un paso estrecho y alambrado que señala el comienzo del tramo más exigente, para llegar al agujero.
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| La mayor pendiente está antes del agujero |
El agujero. Un lugar idóneo para reagruparse y reponerse del esfuerzo realizado.
Estamos prácticamente a mitad de nuestra meta.
Para llegar ahí, debemos poner atención en nuestra pisadas, pues un tramo tiene una considerable altura, con roca deslizante y de relieve vertical.
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| Llegamos al agujero |
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| El agujero |
Dejamos el agujero y continuamos la ascensión para llegar al canto del Modorrillo.
Un sendero pedregoso al principio y de negra tierra a continuación, con arbustos de boj, y caballos pastando en esa canal, nos va a permitir arribar a un punto emblemático de esta sierra.
El canto se puede otear desde el sinclinal que contiene la Merindad de Castilla la Vieja con solo mirar al Sur, una verruga en en el perfil de esta cadena de montes y que marca frontera con el valle de Valdivielso.
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| El canto de Modorrillo |
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| El canto |
Arriba, la Tesla es agradecida con todo aquél que se acerca a su cima.
Una altiplanicie pedregosa permite recorrerla y crestearla ofreciendo unas vistas inimaginables hasta que estás ahí.
Casi 3 km. restan en dirección Este para conquistar el punto geodésico que señala el punto más alto de la ruta: la peña Corba.
Hemos recorrido casi 8 km. y ascendido unos 800 m. Sin prisas. Disfrutando del entorno y de las compañías.
El Belén se coloca a pies de la baliza, quedando resguardado por unas piedras para abrigarlas del violento aire de Sur que sufrimos en esta zona por estas fechas; y más, en altura.
La vegetación arriba es prácticamente nula. Argomas y brezo son los osados habitantes de las alturas que, junto a chovas piquigualdas y buitres dan color al mejor escenario posible para contemplar las estrellas por su proximidad con ellas, pues el cielo se puede tocar desde aquí.
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| Peña Corba |
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| El Belén |
Un año más, y van 15 ya, la Tesla celebra la Navidad.
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| Feliz Navidad |
En silencio, con los relinchos de los caballos que por allí merodean, José y María nos acercan a Jesús a la Tierra para que siga enseñando que somos hombres buenos; aunque en ocasiones no lo demostremos.
¡FELIZ NAVIDAD!
La vuelta, como todos los regresos, feliz.
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| El regreso a casa |
P.D. “A Nené, por las 15 ediciones que lleva mostrándonos el camino”.
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Villarcayo
Location:
09554 Bisjueces, Burgos, España
domingo, 4 de febrero de 2018
Imagina
Vivelasmerindades cual safari en África. Aquí, el clima es aún más bondadoso para poder recorrer las diferentes rutas establecidas y otras tantas que te abducen en historias inimaginables.
Siempre que he tomado camino hacia la Bureba deseaba sobrepasar Oña para descubrir a la izquierda de la carretera un capricho más del relieve que nos rodea.
Postrado, sin extremidades a la vista, apunta al Sur una testud paquidérmica que no deja indiferente a nadie que se encare a esa figura que dormita esperando a que un genio mágico le conceda el don de la vida.
Mientras tanto, su presencia dispara la imaginación de todos los que hemos señalado las estrellas como origen de nuestros sueños.
Las estrellas y la comarca de las Merindades.
Siempre que he tomado camino hacia la Bureba deseaba sobrepasar Oña para descubrir a la izquierda de la carretera un capricho más del relieve que nos rodea.
Postrado, sin extremidades a la vista, apunta al Sur una testud paquidérmica que no deja indiferente a nadie que se encare a esa figura que dormita esperando a que un genio mágico le conceda el don de la vida.
Mientras tanto, su presencia dispara la imaginación de todos los que hemos señalado las estrellas como origen de nuestros sueños.
Las estrellas y la comarca de las Merindades.
| Lo imaginas, por lo tanto existe. |
domingo, 17 de diciembre de 2017
De la tierra al cielo
Vivelasmerindades cuando llueve. Por fin llueve. Es tiempo, por lo tanto, de cavar la tierra.
Honda y profunda, espera pacientemente a que se la voltee, a que se la extraiga para dispersar a los cuatro vientos todo su aroma húmedo y mineral, toda su energía.
Huele a tierra, huele a vida. El invierno se vestirá con el blanco de la nieve y con los espejos de las charcas heladas toda su fuerza y crudeza.
A lo lejos, una luz intermitente atestigua la mano del hombre en su despertar. Va y viene, sin prisas, en silencio, destapando de la oscuridad en cada surco el lecho en el que yacerá la semilla aguardando la templanza de la primavera para brotar de sus entrañas.
El gallego, aquí denominado regañón, nos acerca el aire frío y cargado de humedad venido del Cantábrico transportando, como por arte de magia, a las becadas o sordas para que hurguen con sus finos picos en la misma esencia terrenal, filtrando sus sales y algún que otro secreto de la historia de la cuna de Castilla.
Mientras, las cimas más altas se esconden entre nubes grisáceas que rocían de vida al brezo que allí habita.
Esperan, muchos días en vano, a que el sol las deshaga para saludar a los intrépidos excursionistas que las conquistan.
Bandadas de gansos venidos del Norte en marcial formación de V hace ya que grabaron en las alturas sus graznidos. Ahora, en tiempo del Adviento, estarán a buen seguro en las dehesas extremeñas y humedales de nuestro Sur.
Nosotros seguiremos midiendo el ángulo que forma el arco solar desde que despunta por Medina hasta que se acuesta, casi sin avisar, por los montes de Villalaín-Cigüenza. Eterna lucha entre luz y oscuridad por ostentar el dominio en los valles vestidos por el ocre de nuestra tierra adormilada.
El solsticio de invierno se aproxima y las sombras más largas del año se pierden en el horizonte.
De ahí en adelante, contaremos el paso de una gallina cada tarde para sentir que resta menos para que todo se torne verde, todo fértil. Todo vida.
Para sentir que, desde las Merindades, el cielo se toca.
¡Feliz Navidad!
Honda y profunda, espera pacientemente a que se la voltee, a que se la extraiga para dispersar a los cuatro vientos todo su aroma húmedo y mineral, toda su energía.
Huele a tierra, huele a vida. El invierno se vestirá con el blanco de la nieve y con los espejos de las charcas heladas toda su fuerza y crudeza.
| Luz y tierra |
A lo lejos, una luz intermitente atestigua la mano del hombre en su despertar. Va y viene, sin prisas, en silencio, destapando de la oscuridad en cada surco el lecho en el que yacerá la semilla aguardando la templanza de la primavera para brotar de sus entrañas.
| El hombre va y viene |
El gallego, aquí denominado regañón, nos acerca el aire frío y cargado de humedad venido del Cantábrico transportando, como por arte de magia, a las becadas o sordas para que hurguen con sus finos picos en la misma esencia terrenal, filtrando sus sales y algún que otro secreto de la historia de la cuna de Castilla.
Mientras, las cimas más altas se esconden entre nubes grisáceas que rocían de vida al brezo que allí habita.
Esperan, muchos días en vano, a que el sol las deshaga para saludar a los intrépidos excursionistas que las conquistan.
Bandadas de gansos venidos del Norte en marcial formación de V hace ya que grabaron en las alturas sus graznidos. Ahora, en tiempo del Adviento, estarán a buen seguro en las dehesas extremeñas y humedales de nuestro Sur.
Nosotros seguiremos midiendo el ángulo que forma el arco solar desde que despunta por Medina hasta que se acuesta, casi sin avisar, por los montes de Villalaín-Cigüenza. Eterna lucha entre luz y oscuridad por ostentar el dominio en los valles vestidos por el ocre de nuestra tierra adormilada.
El solsticio de invierno se aproxima y las sombras más largas del año se pierden en el horizonte.
De ahí en adelante, contaremos el paso de una gallina cada tarde para sentir que resta menos para que todo se torne verde, todo fértil. Todo vida.
Para sentir que, desde las Merindades, el cielo se toca.
¡Feliz Navidad!
| Sin distancias con el azul |
domingo, 19 de noviembre de 2017
Leyendas de las Merindades. Cap 1
VivirlasMerindades contando historias de esta tierra.
Nos enseñan a respetar a todos los que la vida viven, en la Comarca o venidos de otros lugares.
Una de ellas, recitada de generación en generación, trata de una mujer huraña que habitaba una casa de la Merindad de Sotoscueva. Con nadie se hablaba y a todos odiaba.
Tuvo lugar, en una ocasión, el encuentro de la mencionada con una nueva vecina a la que deseaba intimidar, pues su naturaleza le impedía ser sociable con todo ser de su especie.
Bichos traídos en jaulas y grilleras a su lar desde la gran cueva que albergaba al concejo de la Merindad le acompañaban en su devenir diario y que le reportaban los ingresos necesarios para subsistir en el duro invierno entre duras heladas y nevadas, a la espera de S. José, fecha ansiada para dar por terminada la triste y oscura estación.
Escarabajos, tritones, sanguijuelas y algún que otro lagarto se removían junto a la chimenea que todos los días humeaba y que calentaba un caldero negro y requemado, colgado de una cadena herrumbrosa e infinita, que parecía estar colocada por el mismísimo Tenebroso.
Esa vecina, llegada de otro valle cercano, tenía marido hacendoso y zagales aplicados. Sus sanas costumbres sacaban de quicio a la bruja, que así por muchos la tenían, y que le provocaban cometer actos que no se recogían en ningún ordenamiento cristiano.
Todos sospechaban, aun sin pruebas directas, que las noches se tornaban en aliadas de sus acciones. Ruidos y movimientos fuera de lo común se registraban en torno a su casa. Nadie del pueblo osaba siquiera asomarse a sus alrededores.
Mil veces había maldecido a todo aquél que lo hiciera. Mas esa nueva mujer, recién llegada, nunca había hecho caso de dimes y diretes. Ya en su anterior hogar había comprobado que los chismes ocasionaban malentendidos e interpretaciones erróneas e injustas.
Ninguna amenaza suponía, por lo tanto, para ella la mala reputación de la maldecida.
La aurora anunciaba el comienzo de sus actividades, y con total normalidad arreaba el ganado a las brañas para, en el ocaso, retornarlo y resguardarlo para ordeñarlo dentro de la cuadra que en los bajos de la casona se encontraban.
Así un día y otro día. Las noches servían para el descanso y el relato de historias que pudieran servir a los más pequeños para encarar el futuro con garantías.
Así hasta que, en vísperas de la Natividad, comenzaron a escucharse ruidos extraños en el portal de la casa. Ahí, donde las gallinas se removían cuando algo fuera de lo común sucedía.
Al cabo de varias noches, por fin osó la vecina indagar esos extraños soniquetes.
Acompañada de un candil y en camisón, se acercó a la entrada de la casa, tras cerciorarse de que en la cuadra, en el pajar y junto al gallinero todo estaba en orden.
Justo cuando se disponía a retornar a su habitación, pudo sentir el movimiento entre las tejas del patio de una sombra negra. La luna llena pudo delatar esa figura siniestra que se escurría con sigilo al detectar la tenue luz oleosa que portaba la dueña.
Sin mencionar a nadie lo sucedido, la lechera dispuso una guardia silenciosa con una hoz en mano, totalmente a oscuras, al calor del perenne rumiar del ganado, recostada entre la paja.
Llegada la Nochebuena, todas las casas del pueblo celebraban la venida de Jesús. En todas las cocinas se cantaban buenas nuevas. En todas excepto en dos de ellas.
La casa de la maldecida y la de la nueva inquilina se encontraban en completo silencio y a oscuras. La noche más larga y fría parecía haber asaltado y vencido esos lugares.
…
| Poniente calizo |
| Cuidado con el lobo |
| Testigos maldecidos |
| Fantasía paisajística |
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| Q. Valdebodres |
| peña Horrero |
| pilón peña Horrero |
| Agua es vida |
| Arquitectura rural de las Merindades |
| Crucero en el Almiñé. J. Arce |
miércoles, 1 de febrero de 2017
El Valle de Manzanedo: El menos poblado
Vivelasmerindades y adéntrate en El Valle de Manzanedo para sentir el capricho que el Ebro se marca al abandonar Los Altos en el desfiladero de Los Tornos y presentarse, cual joven despechado, sin rumbo fijo mirando al Norte.
https://www.youtube.com/watch?v=d2KuynANXhY
Mas su amenaza se queda sólo ahí, en amago. Cidad de Ebro lo reconduce hacia el Este, camino a Valdivielso, su siguiente destino. https://www.youtube.com/watch?v=XHRe2vmdrF4
Lo consigue con la ayuda de unas imponentes sierras que visten el Norte y el Sur dando forma a un valle quieto, confortado por un completo recorrido del Sol a lo largo de las cuatro estaciones y, consciente de sentirse vivo gracias a las prístinas corrientes de unos rápidos que invitan a remontarse sobre ellos en canoa.
Un remanso de paz vestido en silencio por innumerables nogalas junto a las orillas del valle menos habitado de la Comarca.
Esa cualidad fue en su día un hándicap para continuar disfrutando a pie, en bici, en rutas ecuestres o a través de la escalada de este paraíso prácticamente virgen, pues la idea la construcción de una presa estuvo sobre la mesa de la CHE. El proyecto resultó fallido y, gracias a Dios, hoy en día todos podemos recrearnos bien cerca en uno de los rincones tan olvidados como recomendables de la Península en pleno siglo XXI.
https://www.youtube.com/watch?v=d2KuynANXhY
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| Desde Los Tornos se otean Los Altos |
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| El Ebro se dirige hacia el Norte |
Mas su amenaza se queda sólo ahí, en amago. Cidad de Ebro lo reconduce hacia el Este, camino a Valdivielso, su siguiente destino. https://www.youtube.com/watch?v=XHRe2vmdrF4
Lo consigue con la ayuda de unas imponentes sierras que visten el Norte y el Sur dando forma a un valle quieto, confortado por un completo recorrido del Sol a lo largo de las cuatro estaciones y, consciente de sentirse vivo gracias a las prístinas corrientes de unos rápidos que invitan a remontarse sobre ellos en canoa.
Un remanso de paz vestido en silencio por innumerables nogalas junto a las orillas del valle menos habitado de la Comarca.
Esa cualidad fue en su día un hándicap para continuar disfrutando a pie, en bici, en rutas ecuestres o a través de la escalada de este paraíso prácticamente virgen, pues la idea la construcción de una presa estuvo sobre la mesa de la CHE. El proyecto resultó fallido y, gracias a Dios, hoy en día todos podemos recrearnos bien cerca en uno de los rincones tan olvidados como recomendables de la Península en pleno siglo XXI.
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martes, 6 de diciembre de 2016
Desde el Ventanón
Vivelasmerindades. Rompe con la quietud del cálido hogar y desperézate para alcanzar la muga que catapulta una visión única y, que solamente se magnifica en primera persona. ¡No te defraudará!
-¿Está lejos, mami?
-No, hija. Desde Villarcayo vamos en coche dirección Bilbao. A los dos kilómetros, tomamos el cruce a la izquierda que marca Torme y Quintanilla del Rebollar. Es una carretera con encanto que remonta el río Trema hasta llegar a Cornejo. Un cruce frente a la fuente y el pilón donde abrevan las vacas, nos conduce hacia Villamartín de Sotoscueva.
-Sí, nena. Es un pueblo donde se termina la carretera, pero no los senderos. Un pueblo con cuidadas casas de mampostería y fuertes vigas de roble. Al final del pueblo, ahí donde la iglesia atestigua el fin del asfalto, aparcamos.
La dificultad para llegar a nuestro objetivo es baja. La pendiente que supera el cementerio del pueblo y los pasos canadienses en una pista de monte con cantos rodados y zahorra nos abre paso a un monte abierto llamado Paño.
Las encinas y robles que se entrelazan en un bosque con toque mediterráneo quedan a nuestra derecha mientras ascendemos sin dificultad.
La muela de las canales de Dulla aparece como por arte de magia al final de la ascensión.
Bien señalizado, el Ventanón, tímido, se esconde al otro lado de un arbolado disperso y un piso acomodado entre lastras, argomas y brezos.
- ¡Mami, me ha encantado la excursión! ¿Podemos descubrir más secretos?
- Claro que sí. Vivir en las Merindades es una gran ventaja para sentirse feliz. Sus paisajes, historia y gentes así lo hacen posible.
Mas Vivir las Merindades también puede todo aquél que se funda en el Norte de Burgos venido desde cualquier punto del mundo. Porque, ¡aquí cabemos todos!
-¿Está lejos, mami?
-No, hija. Desde Villarcayo vamos en coche dirección Bilbao. A los dos kilómetros, tomamos el cruce a la izquierda que marca Torme y Quintanilla del Rebollar. Es una carretera con encanto que remonta el río Trema hasta llegar a Cornejo. Un cruce frente a la fuente y el pilón donde abrevan las vacas, nos conduce hacia Villamartín de Sotoscueva.
-Sí, nena. Es un pueblo donde se termina la carretera, pero no los senderos. Un pueblo con cuidadas casas de mampostería y fuertes vigas de roble. Al final del pueblo, ahí donde la iglesia atestigua el fin del asfalto, aparcamos.
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| Villamartín de Sotoscueva, punto de partida |
| Paso canadiense |
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| La ascensión resulta cómoda |
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| Ideal para ir en familia |
Las encinas y robles que se entrelazan en un bosque con toque mediterráneo quedan a nuestra derecha mientras ascendemos sin dificultad.
La muela de las canales de Dulla aparece como por arte de magia al final de la ascensión.
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| El Paño con la Muela al fondo |
Bien señalizado, el Ventanón, tímido, se esconde al otro lado de un arbolado disperso y un piso acomodado entre lastras, argomas y brezos.
| Buena señalización para llegar a nuestro destino |
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| ¿Dónde está? |
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| Se otea la Merindad de Valdeporres al fondo |
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| Sin vértigo |
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| Las Merindades de Sotoscueva y Valdeporres a caballo |
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| Sus dimensiones imponen |
- Claro que sí. Vivir en las Merindades es una gran ventaja para sentirse feliz. Sus paisajes, historia y gentes así lo hacen posible.
Mas Vivir las Merindades también puede todo aquél que se funda en el Norte de Burgos venido desde cualquier punto del mundo. Porque, ¡aquí cabemos todos!
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