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domingo, 17 de diciembre de 2017

De la tierra al cielo

Vivelasmerindades cuando llueve. Por fin llueve. Es tiempo, por lo tanto, de cavar la tierra.

Honda y profunda, espera pacientemente a que se la voltee, a que se la extraiga para dispersar a los cuatro vientos todo su aroma húmedo y mineral, toda su energía.

Huele a tierra, huele a vida. El invierno se vestirá con el blanco de la nieve y con los espejos de las charcas heladas toda su fuerza y crudeza.


Luz y tierra 


A lo lejos, una luz intermitente atestigua la mano del hombre en su despertar. Va y viene, sin prisas, en silencio, destapando de la oscuridad en cada surco el lecho en el que yacerá la semilla aguardando la templanza de la primavera para brotar de sus entrañas.

El hombre va y viene 

El gallego, aquí denominado regañón, nos acerca el aire frío y cargado de humedad venido del Cantábrico transportando, como por arte de magia, a las becadas o sordas para que hurguen con sus finos picos en la misma esencia terrenal, filtrando sus sales y algún que otro secreto de la historia de la cuna de Castilla.

Mientras, las cimas más altas se esconden entre nubes grisáceas que rocían de vida al brezo que allí habita.
Esperan, muchos días en vano, a que el sol las deshaga para saludar a los intrépidos excursionistas que las conquistan.
Bandadas de gansos venidos del Norte en marcial formación de V hace ya que grabaron en las alturas sus graznidos. Ahora, en tiempo del Adviento, estarán a buen seguro en las dehesas extremeñas y humedales de nuestro Sur.

Nosotros seguiremos midiendo el ángulo que forma el arco solar desde que despunta por Medina hasta que se acuesta, casi sin avisar, por los montes de Villalaín-Cigüenza. Eterna lucha entre luz y oscuridad por ostentar el dominio en los valles vestidos por el ocre de nuestra tierra adormilada.

El solsticio de invierno se aproxima y las sombras más largas del año se pierden en el horizonte.

De ahí en adelante, contaremos el paso de una gallina cada tarde para sentir que resta menos para que todo se torne verde, todo fértil. Todo vida.

Para sentir que, desde las Merindades, el cielo se toca.

¡Feliz Navidad!

Sin distancias con el azul



miércoles, 1 de febrero de 2017

El Valle de Manzanedo: El menos poblado

Vivelasmerindades y adéntrate en El Valle de Manzanedo para sentir el capricho que el Ebro se marca  al abandonar Los Altos en el desfiladero de Los Tornos y presentarse, cual joven despechado, sin rumbo fijo mirando al Norte.
https://www.youtube.com/watch?v=d2KuynANXhY


Desde Los Tornos se otean Los Altos
El Ebro se dirige hacia el Norte

Mas su amenaza se queda sólo ahí, en amago. Cidad de Ebro lo reconduce hacia el Este, camino a Valdivielso, su siguiente destino. https://www.youtube.com/watch?v=XHRe2vmdrF4
Lo consigue con la ayuda de unas imponentes sierras que visten el Norte y el Sur dando forma a un valle quieto, confortado por un completo recorrido del Sol a lo largo de las cuatro estaciones y, consciente de sentirse vivo gracias a las prístinas corrientes de unos rápidos que invitan a remontarse sobre ellos en canoa.
Un remanso de paz vestido en silencio por innumerables nogalas junto a las orillas del valle menos habitado de la Comarca.

Esa cualidad fue en su día un hándicap para continuar disfrutando a pie, en bici, en rutas ecuestres o a través de la escalada de este paraíso prácticamente virgen, pues la idea la construcción de una presa estuvo sobre la mesa de la CHE. El proyecto resultó fallido y, gracias a Dios, hoy en día todos podemos recrearnos bien cerca en uno de los rincones tan olvidados como recomendables de la Península en pleno siglo XXI.

Senderismo para todos
Vega de Cidad de Ebro
De cuento
Fuente honda.