lunes, 4 de septiembre de 2017

Los Hocinos

Vivelasmerindades recorriendo los cañones del Ebro a su paso por la provincia de Burgos, Castilla y León.
En esta ocasión nos trasladamos hasta el desfiladero de Los Hocinos. El Ebro sale del valle de Manzanedo para llegar al valle de Valdivielso a través de este desfiladero. Paredones de más de 200 metros de altura son testigos de unas aguas que alternan plácidos remansos con nerviosos rápidos que sortean imponentes rocas desprendidas desde las alturas.

En verano, el cauce aumenta, gracias a la regulación del embalse del Ebro, debido a la necesidad de agua en la cuenca central y baja de la depresión, tanto para regadío como para alimentar a la central nuclear de Sta. María de Garoña y otras hidroeléctricas que se localizan a lo largo de las orillas del mayor río de España en cuanto a caudal.

El puente Nuevo, como así lo llaman los lugareños, nos sirve como origen de la ruta del desfiladero aguas arriba.
Este paseo puede recorrerse a pie, en BTT y corriendo con una dificultad media, baja.
Recomendable para todas las edades.

La fuente Marfil es un manantial donde se aprovechan sus aguas para utilidad pública. De ahí que se encuentre protegida para evitar contaminantes externos.
Encina, roble, boj, madroño y otras especies arbóreas nos ofrecen sin pudor sus sombras y frescos aromas que, en combinación con el agua del río, embriagan incluso al más reacio a acercarse al paraíso.
Para sorpresa de los que llevamos muchos años recorriéndolo, existen desde hace unos años, una pasarelas metálicas que, ancladas en la misma roca, nos permiten atravesar sin problemas la totalidad del cañón.

Si llegamos hasta la ultima escalinata y regresamos de nuevo al puente nuevo, habremos transitado unos 5 Km. aproximadamente.

Aquí os muestro unas imágenes y un video como adelanto de lo que podéis encontrar en esta ruta.

Espero que la disfrutéis.





Fuente Marfil

Los Hocinos

Desde el puente nuevo y sobre el Ebro.

miércoles, 1 de febrero de 2017

El Valle de Manzanedo: El menos poblado

Vivelasmerindades y adéntrate en El Valle de Manzanedo para sentir el capricho que el Ebro se marca  al abandonar Los Altos en el desfiladero de Los Tornos y presentarse, cual joven despechado, sin rumbo fijo mirando al Norte.
https://www.youtube.com/watch?v=d2KuynANXhY


Desde Los Tornos se otean Los Altos
El Ebro se dirige hacia el Norte

Mas su amenaza se queda sólo ahí, en amago. Cidad de Ebro lo reconduce hacia el Este, camino a Valdivielso, su siguiente destino. https://www.youtube.com/watch?v=XHRe2vmdrF4
Lo consigue con la ayuda de unas imponentes sierras que visten el Norte y el Sur dando forma a un valle quieto, confortado por un completo recorrido del Sol a lo largo de las cuatro estaciones y, consciente de sentirse vivo gracias a las prístinas corrientes de unos rápidos que invitan a remontarse sobre ellos en canoa.
Un remanso de paz vestido en silencio por innumerables nogalas junto a las orillas del valle menos habitado de la Comarca.

Esa cualidad fue en su día un hándicap para continuar disfrutando a pie, en bici, en rutas ecuestres o a través de la escalada de este paraíso prácticamente virgen, pues la idea la construcción de una presa estuvo sobre la mesa de la CHE. El proyecto resultó fallido y, gracias a Dios, hoy en día todos podemos recrearnos bien cerca en uno de los rincones tan olvidados como recomendables de la Península en pleno siglo XXI.

Senderismo para todos
Vega de Cidad de Ebro
De cuento
Fuente honda.




martes, 10 de enero de 2017

El Ebro en Valdivielso

Vivelasmerindades descubriendo la entrada natural Norte de la Merindad de Valdivielso.

Salimos de Villarcayo hacia Burgos. Sorteamos las curvas ciegas en un constante zigzagueo de un imponente desfiladero que el río Ebro ha horadado durante siglos llamado Los Hocinos. 
Farallones calizos que provocan vértigo debido a sus 200 metros de profundidad. Por fin, tras un par de kilómetros, su infinito se suaviza al alcanzar el puente nuevo que finta al original paso hacia el Valle, como así lo llaman sus oriundos. 

Puente Nuevo 

El Sol nos invita a recorrer ese camino carretero junto al Ebro, que Isabel la Católica se inventó para eludir el peaje judío de la "Ciudad de los Manzanos". El objeto de esta ruta fue la de transportar a la capital del Reino los frescos y apreciados pescados del Cantábrico.


Camino Viejo

Antes de comenzar el ascenso entre grandes losas y cantos que aún perduran en el Portillo no gires tu mirada hacia ese cañón fluvial que se viste con encinas, madroños, algún roble y recios bojs. Quedarás prendado por la perspectiva que se ofrece.

El Puente Nuevo y Los Hocinos 

Subiendo el Portillo me giré...

Tras superar con paso firme la suave pendiente del Portillo, la luz se intensifica al botar en un balcón natural calizo con el gran Iber a los pies.  En la orilla contraria, un edificio austero, con ninguna  importancia artística resiste como central hidroeléctrica hoy en día. Sus altos muros silencian oscuras historias tras haber actuado como penal en la Guerra Civil española.

Penal de Valdenoceda

Valdenoceda nos saluda como primer pueblo del Valle de Valdivielso. Desde él, la carretera serpentea 
hasta alcanzar el páramo de Masa en un puerto de montaña llamado La Mazorra. Mil metros sobre el nivel del mar que delimita la Meseta Norte de la Península.

 El Ebro con la Mazorra al fondo

Aquí nos despedimos del Río más caudaloso y largo de España. Nosotros nos dirigimos a la capital, cabeza de Castilla, para convencer a sus gentes que la provincia es más que una altiplanicie; que los valles y montañas que todos hemos dibujados en la escuela existen. Que están muy cerca y que nos pertenecen a todos. La única condición es acercarse. Acercarse y dejarse atrapar por el derroche con que nos brindan estos paisajes y por la primera historia escrita en Castellano.
Pero eso es otra página a la que llegaremos.








martes, 6 de diciembre de 2016

Desde el Ventanón

Vivelasmerindades. Rompe con la quietud del cálido hogar y desperézate para alcanzar la muga que catapulta una visión única y, que solamente se magnifica en primera persona. ¡No te defraudará!

-¿Está lejos, mami?
-No, hija. Desde Villarcayo vamos en coche dirección Bilbao. A los dos kilómetros, tomamos el cruce a la izquierda que marca Torme y Quintanilla del Rebollar. Es una carretera con encanto que remonta el río Trema hasta llegar a Cornejo. Un cruce frente a la fuente y el pilón donde abrevan las vacas, nos conduce hacia Villamartín de Sotoscueva.
-Sí, nena. Es un pueblo donde se termina la carretera, pero no los senderos. Un pueblo con cuidadas casas de mampostería y fuertes vigas de roble. Al final del pueblo, ahí donde la iglesia atestigua el fin del asfalto, aparcamos.

Villamartín de Sotoscueva, punto de partida
La dificultad para llegar a nuestro objetivo es baja. La pendiente que supera el cementerio del pueblo y los pasos canadienses en una pista de monte con cantos rodados y zahorra nos abre paso a un monte abierto llamado Paño. 
Paso canadiense
La ascensión resulta cómoda
Ideal para ir en familia


Las encinas y robles que se entrelazan en un bosque con toque mediterráneo quedan a nuestra derecha mientras ascendemos sin dificultad.
La muela de las canales de Dulla aparece como por arte de magia al final de la ascensión.

El Paño con la Muela al fondo

Bien señalizado, el Ventanón, tímido, se esconde al otro lado de un arbolado disperso y un piso acomodado entre lastras, argomas y brezos.

Buena señalización para llegar a nuestro destino
¿Dónde está?
Se otea la Merindad de Valdeporres al fondo
Sin vértigo
Las Merindades de Sotoscueva y Valdeporres a caballo

Sus dimensiones imponen
- ¡Mami, me ha encantado la excursión! ¿Podemos descubrir más secretos?
- Claro que sí. Vivir en las Merindades es una gran ventaja para sentirse feliz. Sus paisajes, historia y gentes así lo hacen posible.
Mas Vivir las Merindades también puede todo aquél que se funda en el Norte de Burgos venido desde  cualquier punto del mundo. Porque, ¡aquí cabemos todos!


domingo, 16 de octubre de 2016

Vida Pasiega

Vivelasmerindades si osas acercarte a los valles y cumbres nunca imaginados en nuestro país.
La causa es el origen glaciar que millones de años antes de nuestra presencia descarnó una piedra negra y estratificada para ahondar en busca de los infiernos.
Como paradoja, el averno se transformó, cual Cenicienta, en un paraíso angosto, serpenteante y vestido con diferentes verdes y ocres debido a una vegetación prehistórica: helechos, brezos y una hierba esmeralda atestiguan el paso del tiempo y de las estaciones en un clima tan áspero en sus cimas como suave y húmedo en los sombríos valles.
La magia de esos valles continuó una vez iniciada la historia. Sí, esa que los hombres escriben para intentar alcanzar la inmortalidad. Los habitantes de esta parte del Septentrión responden al nombre de Pasiegos. Su cauce principal es el río Pas, que muere con orgullo en el mar Cantábrico. De ahí su calificación.
Una cultura exclusiva de estos lares, única. Una forma de vida que algún osado ha proyectado erróneamente y que, por suerte no se ha conseguido: reciclar en modo civilizado y que, no es consciente que nada más civilizado es vivir en simbiosis pura con la madre Gaia.
Sus recursos se deben a un cuidado celoso del ganado vacuno tomando de él sus carnes, leche y sus derivados que, en recetas ancestrales, consiguen apaciguar el frío invierno al calor entre sus animales en cabañas construidas con piedras debidamente superpuestas en las paredes y lascas en los tejados.
Estabularse en las sombras durante las temporadas de abrigo y alcanzar el cielo con cabañas que desafían al vértigo en los frescos estíos para aprovechar los pastos de unas casi verticales laderas glaciares son el devenir de esas gentes reservadas y muy seguras de que lo que construyen sin apenas alterar nada es lo correcto para la sostenibilidad del presente y, si nadie les turba, de su futuro.
¡Acércate!