domingo, 29 de marzo de 2020

Montes de la Engaña. El bosque de los duendes.

Vivolasmerindades sumergido en una cúpula arbórea,
donde las pisadas se suspenden sobre frágiles hojas ocres.
Sus nervios, aun marcados, se resisten a desaparecer
a pesar de la venida del invierno.

Hace ya que las sombras se olvidaron.
El Norte gobierna en el bosque de los duendes.

Siento el respirar de ese rincón, en silencio,
en el que camino desnudo,
ante una pasarela alentada por la antigüedad.

Hace ya que el silencio se adueñó
del bosque.
Hace ya del camino que recorrí contigo.

Excursión a la cascada de la Osera



Arroyo de la Osera


El roble de la Coteruela


Silencio


Cascada de la Osera


Huellas del pasado


La llegada del Norte


La Coteruela


Salto de la Osera



domingo, 16 de diciembre de 2018

Subida del Belén a la Tesla 2018

Vivelasmerindades acompañándonos a la Tesla para subir, un año más, el Belén en visperas navideñas.

Voluntarios de la 15ª edición

La subida del Belén a la Tesla se ha convertido en una tradición en la Merindades.

Creyentes y profanos se reúnen a las nueve de la mañana en el pueblo de los primeros jueces de Castilla. 

Bisjueces, un típico pueblo castellano, con casas de piedra y balcón corrido es el punto de partida en una ruta de media montaña, en el que aficionados de todas las edades al senderismo y rutas traileras se dan los buenos días y saludan con respeto a Laín Calvo y Nuño Rasura, testigos de la jornada desde el pórtico de la iglesia del pueblo.

Iglesia de Bisjueces

Con la colaboración del Excmo. ayuntamiento de Villarcayo, Protección Civil y Rubén Pérez Llarena como reportero oficial, los animados excursionistas se disponen a partir hacia el punto más alto de la Tesla. 
Peña Corba, con sus 1332 metros es paciente con nosotros. 
Poco a poco, sin sobresaltos y con la ilusión de colocar la Sagrada Familia, recorremos algo más de 7 km. con más de 700 m. de desnivel en aproximadamente 2 horas.


Buzón de peña Corba

Pero la meta no solo es el gran objetivo. El recorrido es protagonista de la jornada tambien. 
Bosques de encinas, con aroma de brezo y lavanda nos hacen más fácil los primeros metros. 
La pendiente es leve y el sendero se marca de forma muy definida entre las argomas y el musgo que viste a la caliza del suelo y a los troncos del encinar.



Encinar de Bisjueces 

Una vez sorteado el primer tramo de ascensión, un paso canadiense nos señala qué camino debemos tomar. 
De frente iremos. Lo más recomendable es continuar la marcha de frente.

Ascendemos de nuevo por un camino ancho con firme desigual para llegar a unas campas de hierba, antesala del paso por una barrera que siempre debemos cerrar, una vez que la hemos cruzado, para evitar así que el ganado que pasta en esa zona no se escape.

Sobrepasado un túnel de encinas muy sugerente, refugio de las vacas, nos topamos con un paso estrecho y alambrado que señala el comienzo del tramo más exigente, para llegar al agujero.


La mayor pendiente está antes del agujero


El agujero. Un lugar idóneo para reagruparse y reponerse del esfuerzo realizado. 
Estamos prácticamente a mitad de nuestra meta.
Para llegar ahí, debemos poner atención en nuestra pisadas, pues un tramo tiene una considerable altura, con roca deslizante y de relieve vertical.


Llegamos al agujero


El agujero
Dejamos el agujero y continuamos la ascensión para llegar al canto del Modorrillo.
Un sendero pedregoso al principio y de negra tierra a continuación, con arbustos de boj, y caballos pastando en esa canal, nos va a permitir arribar a un punto emblemático de esta sierra.
El canto se puede otear desde el sinclinal que contiene la Merindad de Castilla la Vieja con solo mirar al Sur, una verruga en en el perfil de esta cadena de montes y que marca frontera con el valle de Valdivielso.

El canto de Modorrillo


El canto
Arriba, la Tesla es agradecida con todo aquél que se acerca a su cima. 
Una altiplanicie pedregosa permite recorrerla y crestearla ofreciendo unas vistas inimaginables hasta que estás ahí.
Casi 3 km. restan en dirección Este para conquistar el punto geodésico que señala el punto más alto de la ruta: la peña Corba. 

Hemos recorrido casi 8 km. y ascendido unos 800 m. Sin prisas. Disfrutando del entorno y de las compañías.
El Belén se coloca a pies de la baliza, quedando resguardado por unas piedras para abrigarlas del violento aire de Sur que sufrimos en esta zona por estas fechas; y más, en altura. 

La vegetación arriba es prácticamente nula. Argomas y brezo son los osados habitantes de las alturas que, junto a chovas piquigualdas y buitres dan color al mejor escenario posible para contemplar las estrellas por su proximidad con ellas, pues el cielo se puede tocar desde aquí.


Peña Corba

El Belén


Un año más, y van 15 ya, la Tesla celebra la Navidad.


Feliz Navidad


En silencio, con los relinchos de los caballos que por allí merodean, José y María nos acercan a Jesús a la Tierra para que siga enseñando que somos hombres buenos; aunque en ocasiones no lo demostremos.

¡FELIZ NAVIDAD!

La vuelta, como todos los regresos, feliz.


El regreso a casa



P.D. “A Nené, por las 15 ediciones que lleva mostrándonos el camino”.







domingo, 4 de febrero de 2018

Imagina

Vivelasmerindades cual safari en África. Aquí, el clima es aún más bondadoso para poder recorrer las diferentes rutas establecidas y otras tantas que te abducen en historias inimaginables.

Siempre que he tomado camino hacia la Bureba deseaba sobrepasar Oña para descubrir a la izquierda de la carretera un capricho más del relieve que nos rodea.
Postrado, sin extremidades a la vista, apunta al Sur una testud paquidérmica que no deja indiferente a nadie que se encare a esa figura que dormita esperando a que un genio mágico le conceda el don de la vida.
Mientras tanto, su presencia dispara la imaginación de todos los que hemos señalado las estrellas como origen de nuestros sueños.
Las estrellas y la comarca de las Merindades.


Lo imaginas, por lo tanto existe.

jueves, 28 de diciembre de 2017

El tren de las Merindades suena aún

Todos los días nos levantábamos con el silbido del tren. Bueno, todos los que debíamos ir a clase. A regañadientes nos vestíamos y desayunábamos para llegar al colegio antes de que Benjamín, que así se llamaba el portero, anunciara el comienzo de las clases. El único consuelo de ese martirio con unas mañanas heladoras era el pensar que los sábados y domingos nadie nos sacaría de nuestras sábanas calentitas. Nadie. El fin de semana nadie escucharía el aviso de la estación para todo aquél que necesitara los servicios del único viaje por tren que se ofrecía en el día. 

Pocas eran los que tomaban el camino de la estación para poder llegar a Burgos a través de un recorrido mucho más largo en tiempo y distancia que el que ofrecía la línea regular del autobús. De ahí que casi se nadie molestaba en la invitación del lento trajín que una máquina pesada guiaba desde el sinclinal de las Merindades a unos pocos vagones con poco mercancía y algún que otro romántico de los viajes sin prisas para recrearse con el paisaje y con el traqueteo del camino de hierro para adentrarse luego en el desfiladero de la Horadada y ascender así hasta la Bureba, antesala de la capital de Castilla.


La Horadada


Pasado el mediodía, nosotros nos acercábamos a nuestras casas para comer y regresar de nuevo al colegio, en comunión con los alumnos que venían desde los pueblos de la comarca, madrugando mucho más aún que los de Villarcayo, y que comían en el mismo comedor del colegio. 
Anochecido ya, pues las tardes invernales aquí son prácticamente inexistentes, se volvía a escuchar a lo lejos el anuncio de un tren fatigado que llegaba, por fin, de nuevo, a la estación donde una vez más permanecería hasta el día siguiente soportando el brillo de las estrellas en total oscuridad y soledad. Así, hasta el día siguiente.


Viaja sin marcarte metas

Muchas eran las veces que nosotros intentábamos llegar antes de que el jefe de estación cerrara las barreras del paso a nivel en la carretera que conducía hacia Burgos para situarnos frente  a las vías y poder medir la distancia con aquella mole monstruosa pero no menos hipnótica verde y líneas amarillas que simulaban la velocidad de los rayos. 
El suelo crujía a nuestros pies y las voces expertas y precavidas del dueño de la bandera del andén nos obligaba a que nos retiráramos de un peligro que, con la edad, nosotros no éramos capaces de percibir…


Los sueños son infinitos